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En estos momentos aciagos de confusión e incertidumbre ponemos, seguramente, en valor aspectos de nuestra vida cotidiana, que por habituales dábamos por hecho, entre ellos está el disfrute de un buen libro con el que evadirnos del continuo bombardeo de nefastas noticias al que estamos sometidos a través de las redes sociales y los medios de comunicación. Aunque la mayor parte de las personas utilizamos la lectura de forma habitual, no todas tenemos instaladas el hábito de disfrutar de ella, este privilegio no es fruto de un camino sencillo, hay que cultivarlo con esmero para que florezca.

¿Qué podemos hacer los adultos para facilitar a los niños y niñas que puedan incorporar la lectura como un hábito de disfrute, evasión y fuente de conocimiento?

Si bien esto va a depender de la edad del niño hay dos cuestiones que siempre deben estar presente:

  • La lectura siempre la debemos asociar al gozo y al disfrute. No vale el viejo dicho de que “la letra con sangre entra”. Entrar, entrará, pero quedará impregnada de displacer y obligación, difícilmente acudiremos a ella en busca de placer y cobijo.

Es por ello, que cuando interactuemos con nuestros hijos por medo de la lectura nos esforzaremos por crear un ambiente cálido y de bienestar mutuo; si esto no es así, mejor dejarlo para otro momento.

  • Otra cuestión a considerar relacionada con la anterior es evitar que el niño asocie la lectura únicamente con el colegio y el estudio. Debemos proporcionarle otros modelos en otros contextos que le sirvan de referencia: es importante que vivan, que en nuestros hogares leer es un placer.

Si queremos ayudar al niño en este proceso deberemos acompañarlo y la forma que adoptará este acompañamiento dependerá de su edad.

Hasta los 5 años el contacto con la lectura será a través de cuentos que les leeremos y contemos, libros con imágenes que utilizarán como juguetes, juegos de lenguaje (veo-veo, adivinanzas, trabalenguas, rimas…). El lenguaje, el juego y la interacción serán elementos que deben estar presentes en la vida del niño en estos momentos.

Desde los 5 hasta los 8 años entramos en el proceso del aprendizaje del mecanismo lecto-escritor.

En ese momento tenemos que tener en cuenta que cada persona tiene su propio ritmo y la referencia tiene que ser él mismo, no los demás. De igual forma, aceptar que en este camino el niño cometerá muchos errores, pero estos son parte del aprendizaje y no producto de un fracaso.

Es aquí donde nos tocará tener paciencia y animar a nuestros hijos haciendo referencia a sus avances y nuevos descubrimientos, y vivir las dificultades que puedan aparecer con calma. Podemos ofrecerles libros que compartan imágenes y textos cortos, hacer lecturas compartidas y mostrar interés sobre lo que están leyendo.

A partir de los 8 años comenzamos a recoger los frutos de todo el proceso: ya tenemos una lectura automatizada y afianzada que está lista para utilizarla, como herramienta para el trabajo, pero también como ventana para que su imaginación se despliegue, se deleite en la exploración de otros mundos y en la vivencia de sorprendentes experiencias, todo esto, sin moverse de su silla.

Está claro que no es tarea sencilla, en estos tiempos, conseguir que nuestros alumnos e hijos desarrollen el hábito de la lectura y disfruten de ella, ya que están sometidos a una vorágine de estímulos visuales que les proporciona una gratificación inmediata (juegos online, redes sociales, …). Pero merece la pena que pongamos los medios y les demos la oportunidad de no perderse una experiencia tan gratificante y enriquecedora.

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