Con la ilusión del reencuentro, toda la comunidad educativa del Colegio Vera-Cruz iniciamos un nuevo curso escolar. Y lo hacemos celebrando una fecha de enorme significado para nuestra familia mercedaria: la festividad de Nuestra Señora de la Merced (24 de septiembre). Este año, además, coincide con la conmemoración de un hito histórico.
Hace justo 100 años, el 19 de septiembre de 1926, las primeras Mercedarias Misioneras de Bérriz (MMB) partieron desde nuestro entorno hacia Wuhu, China. Aquella valiente expedición transformó un monasterio de clausura en una comunidad misionera abierta al mundo. Su centenario nos acompañará a lo largo de este curso y nos invita a recoger aquel testigo con un lema que guiará nuestra vida en las aulas, los pasillos y las actividades del colegio: «Cruzando fronteras para dar vida».
Los símbolos del logo del centenario nos ayudan a entender el camino que queremos recorrer. El mar nos invita a navegar sin miedo y a abrirnos al mundo y a nuevos aprendizajes. La vela, empujada por el viento, representa nuestra barca, nuestro proyecto educativo, que sigue impulsado por el viento del Espíritu que ya impulsó a las MMB hace 100 años. Las líneas expresan el movimiento de esa barca y de nuestro proyecto. Y el escudo mercedario nos recuerda nuestras raíces y nuestra identidad, profundamente humana y compasiva.
Para nosotras, «cruzar fronteras» no significa únicamente viajar lejos. Significa también superar las barreras del egoísmo, la comodidad y la indiferencia en nuestro entorno cotidiano. Este curso nos proponemos trabajar desde tres ejes fundamentales:
- Educar para la solidaridad y la generosidad, tendiendo la mano a quien más lo necesita dentro y fuera de nuestra comunidad.
- Ser personas responsables e íntegras, capaces de caminar junto a los demás, apoyando, acompañando y cuidando a cada compañero y compañera.
- Fomentar un ambiente de respeto, integración y tolerancia, descubriendo en la diversidad una riqueza que nos ayuda a crecer.
Todo ello se fundamenta en nuestro deseo de formar personas con una profunda vida interior y una mirada cristiana, capaces de encontrar sentido y esperanza en cada paso que dan.






